Hay lugares que aún guardan el secreto de un tiempo más lento. Villa Traful es uno de ellos. Un pueblo de 761 habitantes que durante años fue un destino para viajeros dispuestos a enfrentar el ripio y el silencio . Pero eso está por cambiar.
El fin de una era
El gobierno de Neuquén avanza con la pavimentación de la Ruta Provincial 65: 58 kilómetros de asfalto que integrarán a Traful al famoso Circuito de los Siete Lagos . La obra, que demandará más de 65 millones de dólares, promete conectar el pueblo con las rutas nacionales 40 y 237, facilitando el acceso durante todo el año .
Lo que se gana en conectividad, se pierde en intimidad. Porque Villa Traful, con sus bosques de coihues y su lago de aguas transparentes, fue durante décadas un destino para quienes no temían al aislamiento . Ese carácter hoy empieza a desdibujarse.
En diciembre pasado, la localidad se convirtió en el destino argentino con mayor crecimiento en búsquedas vinculadas a viajes y vacaciones . Una señal de que el mundo ya estaba mirando hacia este rincón de la Patagonia.
Lo que hay que ver antes de que cambie
El bosque sumergido es quizás el atractivo más singular de la región . Un deslizamiento de tierra en la década de 1960 hizo que decenas de cipreses cayeran de pie dentro del lago Traful. La temperatura del agua los conservó casi intactos . Hoy es posible navegar sobre las copas de esos árboles, visibles bajo la superficie, en una escena que parece sacada de un sueño.
Las cascadas son otro de los puntos altos. La cascada Coa Có, accesible por un sendero de unos 5 kilómetros, y la cascada Blanca ofrecen postales que invitan a quedarse .
Las pinturas rupestres en la costa norte del lago Traful son un recordatorio de que este territorio fue habitado mucho antes de la llegada del hombre blanco. Los tehuelches dejaron allí figuras de guanacos y ciervos, símbolos cargados de espiritualidad .
El Mirador del Viento y las Lagunas Mellizas completan el abanico de recorridos posibles . Cada uno ofrece una perspectiva distinta del paisaje, una forma de asomarse a la inmensidad.
Para llegar a tiempo
El acceso a Villa Traful es una experiencia en sí misma. Desde Bariloche, son unos 100 kilómetros por la Ruta Nacional 237 hasta el empalme con la Ruta Provincial 65, y luego 35 kilómetros de ripio que invitan a bajar la velocidad . Los últimos 25 kilómetros, en particular, pueden ser un desafío en días de lluvia o nieve .
Desde Villa La Angostura, el trayecto es más corto: unos 60 kilómetros por la Ruta de los Siete Lagos hasta el desvío . En ambos casos, el camino es tan hermoso como el destino final: bosques, montañas y lagos que aparecen y desaparecen entre las curvas.
La noche en el refugio
El alojamiento en Villa Traful tiene el sello de la Patagonia profunda. Cabañas de madera y piedra, techos a dos aguas, estufas a leña y vistas que cambian con la luz del día. El silencio es el único ruido, interrumpido apenas por el viento o el movimiento del lago .
La gastronomía regional se suma a la experiencia: trucha patagónica, jabalí ahumado, ciervo y salsas a base de hongos. Para el postre, kuchen y apfelstrudel, herencia de los inmigrantes alemanes que poblaron la región .
Cuando el asfalto llegue
Villa Traful está a punto de dejar de ser un secreto. La pavimentación de la Ruta 65 abrirá las puertas a un turismo más masivo, con todo lo que eso implica: más visitantes, más servicios, más ruido. Pero también más oportunidades para quienes viven del turismo y más facilidades para quienes quieren descubrir este rincón de la Patagonia.
El desafío, como siempre, será encontrar el equilibrio entre la transformación y la conservación de la esencia que hizo de Villa Traful un lugar único. La villa tiene casi 90 años Su historia recién comienza.
