¿Tu alma va más despacio que tú? A mí me pasó. Y encontré la
respuesta en la punta de un cerro.
Te cuento una cosa: la vida es como ese tren al que siempre llegas corriendo,
sudando la gota gorda, justo cuando las puertas se están cerrando. O al menos, así era la mía.
Hasta que un día, en un viaje de trabajo que prometía ser un trámite más, me pasó algo que le dio un volantazo a mi existencia. Y todo, gracias a una mujer llamada Águila Beba.
La cosa era así: teníamos que instalar un centro de investigación climática cerca del majestuoso Aconcagua, en Mendoza. Un lugar tan remoto que hasta el silencio tenía eco. No llegaban rutas, ni trenes, ni señales de celular… solo la inmensidad.
Para guiarnos, contratamos a Águila Beba, una guía indígena del lugar.
Y ahí empezó lo bueno. La expedición avanzaba… hasta que, religiosamente, cada dos horas, Águila Beba se detenía. En silencio. Y se sentaba en una roca.
Imaginate el cuadro: un grupo de científicos y yo, urbanos, apurados y con mil cosas en la cabeza, frenando en seco en la mitad de la nada. El malestar creció, los ánimos se caldearon y el aire se puso pesado. Alguien tenía que decir algo. Y esa alguien fui
yo.
Con toda la diplomacia que pude reunir, me acerqué y le pregunté: «Águila, ¿por qué estas paradas? Con el apuro que tenemos…».
Su respuesta me dejó sin palabras:
“En mi tribu, cuando el apuro y la ansiedad llegan a la mente, nos detenemos. Nos paramos a esperar… a que nos alcance el alma. Ella tiene otros tiempos, que la mente con sus prisas no comprende.”
¡Plaf! Me había pasado toda la vida corriendo, dejándome el alma atrás, sin darme cuenta.
Ella me enseñó entonces a respirar. A inhalar profundamente y darle a mi mente una tregua. A callar el ruido interno para escuchar la melodía sutil de lo que realmente importa.
Algo tan simple, tan profundo y tan revolucionario como hacer una pausa para sentir que tu alma habita dentro tuyo.
Esa anécdota, que parece chiquita, fue el bautismo de una mirada nueva. La semilla de lo que hoy es Respira Argentina.
Porque la vida sí es un viaje en tren, con paisajes que cambian y compañeros que suben y bajan. Pero cuando aprendes a viajar de manera consciente, conectado con tu cuerpo, tu mente y tu alma, el viaje se transforma en una experiencia maravillosa.
Desde hace más de 7 años, en Respira Argentina, nos dedicamos a eso: a crear espacios para ese reencuentro, disfrutando de la belleza abrumadora de este país y de una manera más cómplice y saludable de sentir la vida.
La vida cobra un sentido único cuando decidimos avanzar… pero sin dejar partes nuestras en el camino.
Vení. Te esperamos para respirar juntos.
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